Mascotas como hijos

Mascotas como hijos

¿Estás humanizando a tu mascota? Claves para entender porqué no debes hacerlo

Si bien es cierto que consideramos a nuestras mascotas miembros de nuestra familia, también tenemos que aprender a reconocer los límites para éste hábito que pasa por inocente, pero puede ser perjudicial para el animal.

Nuestra mascota, nuestro hijo… Error. Ésta necesidad de tratar a los animales como a nuestros hijos responde al deseo humano de esa interacción. Está bien sentir un inmenso amor por nuestras mascotas pero con el amor viene el respeto y, sobre todas las cosas, es necesario respetar al animal y COMPRENDER que se trata de un animal. Su comportamiento debería ser propio de su especie y no podemos esperar conductas humanas. En éste sentido, Claudio Gerzovich Lis, médico veterinario y especialista en comportamiento canino y felino, aclara para el diario argentino Clarín que “puede estar bien para cubrir o satisfacer las necesidades del dueño, no las de los animales de compañía. Un perro o un gato no necesitan eso, ni mucho menos, para su bienestar. Sus necesidades pasan por otro lado”.

Humanizar a nuestras mascotas puede ser perjudicial para ellas en muchos casos. Por ejemplo, desde el ámbito de interacción social de la mascota, se presenta el caso de los dueños que levantan al animal en brazos si ven que éste está teniendo dificultades para jugar con otros perros. Esto puede alterar su forma de socializar y puede que nunca llegue a interactuar, ya que el mismo dueño no se lo permite. Un ejemplo puede ser un animal que actúe en base a las expectativas de su dueño a modo de adaptación y no permitiéndose a sí mismo una conducta propia de su especie.

El hábito de la humanización puede también crear problemas de conducta, ya que el perro no sabrá quién es el líder, alterando su comportamiento y su salud mental y generando en el animal comportamientos al estilo de “dueño de casa”, “todos están a mi servicio”, “dispongo cuando quiero de los humanos”. Éste problema puede traer consecuencias como actitudes de timidez o de excesiva agresividad.

Otras consecuencias que pueden presentarse a lo largo de la vida del animal pueden ser físicas, por ejemplo, en un clima tropical tener un perro peludo como un Husky y además colocarle ropa podría devenir más adelante en problemas de la piel del animal como resultado de los golpes de calor.

Por otro lado, investigadores del Massachusetts General Hospital, en Estados Unidos, concluyeron que el área del cerebro que se activa cuando nos comunicamos con un bebé, es también la que se activa cuando nos comunicamos con un animal, por lo tanto, muchos consideran erróneo opinar que está mal tratar a tu mascota como a un niño. Lo cierto es que quienes tienen animales en casa, generalmente, lo consideran parte de su familia y aunque no nos oponemos a esto, no está demás que el animal sepa que es un animal.

La clave para evitar esta conducta es encontrar un equilibrio. No podemos permitir que los animales crean que pueden hacer lo que les plazca en casa, pero tampoco debemos hacerlos sentir como si no fuesen parte del núcleo familiar, tenemos que comprender que se trata de un miembro no humano de la familia y hacerlo sentir protegido y querido sin permitir que se pierda la jerarquía dueño-mascota.

 

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FUENTES:
http://uy.emedemujer.com/
https://www.clarin.com/
http://perrocontento.com/
http://mascotadictos.com/
http://www.24horas.cl/

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